miércoles, 30 de marzo de 2011

Capítulo noveno: cosquillas.


Todo caduca con el tiempo. El amor también. La gasolina del coche, por ejemplo: si olvidas que se va a acabar te dejará tirado en medio del campo. [...]


- Yo te voy a querer siempre, y si se acaba la gasolina me muero.

viernes, 27 de agosto de 2010

Capítulo octavo: sentir.

¿Alguna vez has sentido complicidad? ¿Alguna vez has sentido esa sensación de inquietud que te recorre de arriba a abajo e incluso, se hace sentir escalofríos? No es nada parecido a lo que conoces, ni nada que te hayan podido contar.
Jamás he sentido la sensación de descolgar un teléfono para decirle a otra persona que la quiero, y que la echo tanto de menos, que, cuando voy por la calle, aun sabiendo que en ese momento no va a aparecer, lo deseo con todas mis fuerzas: el agua en el desierto. Sin embargo, hay algo aún más sorprendente: la felicidad para mí no tiene kilómetros. Me maravilla cómo es capaz de hacerme sonreír con una sola palabra, o un tono de voz, y sin ni siquiera verlo; me llena e ilusiona, completamente, saber qué es lo que nos espera dentro de unos días, 20 días, que se convertirán, si todo sale bien, en unos cuantos meses (nunca suficientes) en los que podré disfrutar de tu aliento.

Te quiero (una vez más).

martes, 3 de agosto de 2010

Capítulo séptimo: viajar y tú.

Transportarse puede incitar miedo, desconfianza e inseguridad, cosas que disminuyen si llevas a personas importantes a tu lado. Más todavía si llevas a LA PERSONA.

Aprovecho esto para decirte cosas que ya te sabes de memoria. Quiero darte las GRACIAS, gigantes, por un mes increíble lleno de momentos divertidos e inolvidables. Quiero pedirte, por favor, que entiendas que siento la necesidad de oírte respirar cada segundo, de despertarme por la noche y ver que estás a mi lado, y sobre todo, de que me des besos en la nariz para desearme buenas noches y que me despiertes con besos por las mañanas. Necesito oír de ti te quieros infinitos, con abrazos infinitos y amor infinito; que me lleves al fin del mundo, incluso a la luna, que conozcamos extraterrestres, y que luego volvamos, para crecer juntos y recordar un viaje como el del año 2010 por Francia e Italia... Déjame estar en tu vida, con o sin distancia; hagamos que todo cuanto queramos sea posible, tal y como hemos hecho hasta el momento.

Te amo. De verdad.

martes, 29 de junio de 2010

Capítulo sexto: cosas de verdad.

Según como se mire, éste puede ser el mejor o el peor momento para escribir: después de una llamada.

Creo que ni todos los caracteres del mundo podrían abarcar palabras tan sinceras, pero al menos se aproximan. Podría escribir en tercera persona, como generalizando, pero esto que nos pasa no es nada usual ni general. Supongo que a pesar de haber visto unas cuantas veces la película de Peter Pan, crecimos demasiado rápido y no estábamos preparadas para ello, ¿no?
Esta entrada ni mucho menos tiene el objetivo de repetir todo lo que hemos dicho por teléfono, queda entre las dos, pero lo que sí, intento por medio de ella darte las gracias, y decirte que tengo miedo de que algún día el bolsillo pequeño de tu maleta desaparezca, por los motivos que sean.
Aunque este año haya sido diferente, y hayamos estado separadas más de lo normal, me gustaría decirte, si sirve de algo, que no podría llevar las cosas o soportar los problemas si tú no estuvieras a una llamada de distancia, o a unos cuantos pasos. Sería difícil, y mucho: no tendría fuerzas ni para intentarlo.

Gracias, Ire. De verdad.

lunes, 4 de enero de 2010

Capítulo quinto: empatía inversa.

Empatía: qué gran palabra. Con ella, eres capaz de sentir como los demás. Y... ya está, con eso lo tienes todo. Sin esfuerzo.
Tú, ente racional, físico... VIVES. ¿Cuándo queda tiempo para empatizar contigo mism@, para empatizar a la inversa. No es algo que me guste asemejar al egoísmo, sería más bien... autoestima.
Autoestima: qué gran (y desconocida) palabra.

jueves, 23 de julio de 2009

Capítulo cuarto: Encefaemociones


Consistiría en estar conectados siempre a una máquina. Quizás así sabríamos lo que verdaderamente nos hace estar vivos.
Si respiras, si sientes y te preocupas por lo que pasa a tu al rededor, serás amigo de las fluctuaciones, de lo irregular representado en esa estúpida máquina.
Si huyes de tus problemas, si nada te importa, si no sientes, declárate amante de la línea recta e infinita.


-En estos momentos debería estar muerta y en otro lugar que no fueran estas 5 paredes-dijo.
-No quería perderte. Conectarte y darte un beso era algo que debía hacer. Me aseguré de que todo estaba en orden y al hacerlo vi cómo la línea recta empezó a curvarse. ¿Sabes? Ni siquiera podía creérmelo. Todo el mundo decía que era imposible, y yo fui capaz de conseguirlo. ¿No me lo agradeces?
-Lo haré. Salgamos de aquí.

Salieron corriendo, como si alguien los persiguiera (por supuesto la máquina iba con ella, pegada a su cabeza). De repente, se pararon; bueno, ELLA se paró:
-Pégame- le pidió.
-¿Después de "curvarte" crees que voy a hacerlo?
-Hazlo.
Y lo hizo.
-Perfecto. Otra vez pero más fuerte.
Y lo hizo.
-¡Más fuerte!
Y lo hizo a pesar de la cara de dolor de la chica. A pesar de sus instrucciones, le estaba dando despacio en el brazo, como si fueran un par de niños jugando al "pilla pilla".
-¿Puedes explicarme por qué me has pedido esta gilipollez?
-¿En serio que aún no te has dado cuenta? Verás... antes no sentía, pasaba de todo y de todos. Pasaban los días y yo no le daba importancia, pero ahí estabas tú. Unas veces para mí sólo tenías palabras de aliento, de esperanza; otras sólo hacías que decirme la verdad, aunque me torturara el oirla. Ayer decidí dejar de sentir, me declaré fan de la línea recta.
>>Si ahora mismo echo la vista atrás veo que tú siempre has estado a favor de los sentimientos y de la vida, de las curvas e incluso de las espirales infinitas. Para mí ya no había vuelta atrás, lo único que me quedaba era esperar a que vinieras y me ayudaras (como siempre). Trajiste la máquina, me besaste y simplemente... funcionó.

Decidió tomar un respiro para continuar con la explicación:
-Entiéndeme, no podía quedarme ahí y simplemente sonreír. El pedirte que me pegaras no era más que un experimento. Quería sentir dolor (aunque sé de sobra que no me has dado todo lo fuerte que pudieras), y por favor, no te confundas, no soy una sádica. A parte de la felicidad, el dolor también se ve reflejado en esa máquina: mira. Quiero saber cómo funciona, qué fallos tiene, y por supuesto, quiero que me ayude a ser feliz. Cuando no estés aquí, la máquina sí que lo estará, y me recordará que estoy viva, que puedo seguir adelante sin ti. Podré soportar todo tipo de dolor y de ausencia.

Sin saber muy bien cómo, la entendió y supo perfectamente a lo que se refería. Ambos estaban completamente de acuerdo y decidieron marcharse. La máquina quedo escondida en un cubo de basura, el lugar en el que alguien probablemente iría a buscar lo que quedaba de sus encefaemociones.

miércoles, 15 de julio de 2009

Capítulo tercero: MÁS/MENOS INFINITO

¿Qué hay de malo en no terminar una consecución de acontecimientos, de causas, de efectos...? ¿Por qué se debe "cortar" la intriga por seguir con un símbolo?
A medida que ha pasado el tiempo, los caprichos de los hombres han sido concedidos. Tales como: un reloj, para saber en qué momento se vive; un horno, porque no nos conformamos con tener comida simplemente... También se accedió a dejar de pensar. En realidad es inconcebible que unos cuantos símbolos (números) combinados entre sí puedan dar lugar a una línea que no acaba. ¿Qué hay de malo en reconocer que nuestra mente no es omnipotente? ¿Qué tiene de malo el número 956743215790? ¿Demasiado elevado para nuestro día a día?

Por otro lado, y ya que alguien inventó ese símbolo, solemos identificarlo con el "todo" (∞). No estamos contentos. Nos gustan los antónimos, y necesitamos la "nada". ¿Cómo hacerlo? Sencillo: - ∞.
Hasta aquí todo está "bien", pero como pasa siempre, llegará otro problema, otra cosa que simplificar, y no quedarán ochos tumbados. ¿Recurriremos a tumbar otros números? ¿Habrá tantos números para tumbar? Oh, qué pena, llegará un momento en que se acaben: INVENTAMOS EL ∞.